230 discos, 6.210 puntas
Diez minutos
para volver a ti.
Un cuerpo en tensión no se relaja porque se lo pidas. Necesita una señal física. La estera NAGI la da: presión distribuida, calor progresivo y una pausa que se sostiene sola.
Reembolso íntegro
La tensión no se va sola al terminar el día.
Se acumula. Y cuando por fin te sientas, el cuerpo sigue en la misma postura que llevaba a las once de la mañana. Reconocerás alguna de estas.
Ocho horas en la misma silla
Los hombros suben, la zona lumbar se compacta y el cuello adelanta. Nadie te avisa hasta que ya duele.
No sabes desconectar
Te tumbas y la cabeza sigue trabajando. Falta una señal física que le diga al cuerpo que ya se ha acabado.
El masaje dura lo que dura
Cincuenta euros y dos días de alivio. Lo que falta no es un masaje: es una rutina que puedas repetir.
Duermes, pero no descansas
Cuesta entrar en el sueño con el cuerpo activado. La transición necesita ayuda, no fuerza de voluntad.
Tres cosas, y ninguna te pide esfuerzo.
Libera la tensión acumulada
Los cientos de puntas reparten tu propio peso en miles de contactos pequeños. Eso aumenta el riego sanguíneo de la zona y el músculo suelta lo que llevaba agarrado desde por la mañana. No hay que apretar nada: lo hace la gravedad.

Convierte la pausa en un ritual
Veinte minutos, siempre en el mismo sitio, siempre a la misma hora. Lo que hace que funcione no es la intensidad, es la repetición. Al cabo de una semana el cuerpo empieza a anticiparlo y se relaja antes de que te tumbes.

Se adapta a la zona que lo necesite
Espalda completa, zona lumbar, cuello con la almohada, gemelos, planta del pie. Enrollada bajo las cervicales o de pie encima. Una sola pieza para cinco usos, y ninguno requiere aprender nada.

Presión localizada.
Relajación progresiva.
Ningún componente electrónico, ninguna batería, nada que se estropee. La pieza entera son cuatro materiales y una geometría.
Cada disco, muchas puntas
Las puntas no pinchan: reparten. Cada disco distribuye la carga en una corona de contactos de punta redondeada, y los doscientos treinta discos juntos convierten tu peso en una presión constante y tolerable.
Lo que pasa mientras estás tumbado
El primer contacto
Pica. Es lo esperable y es la parte que hay que respirar. Dura menos de lo que parece.
El cuerpo cede
La resistencia baja y notas cómo el peso se reparte. El picor se convierte en presión.
Llega el calor
Aumenta el riego en la zona. Empieza en la piel y va bajando al músculo.
Se suelta
La musculatura deja de sostener. Aquí es donde mucha gente se queda dormida.
La pausa
Respiración larga y cuerpo pesado. Al levantarte la sensación se queda un rato.
Intensidad según cuánto tiempo aguantes
No hace falta llegar a los veinte minutos el primer día. La progresión importa más que la marca.
Cuatro pasos y ninguna técnica.
Superficie estable
Suelo, cama firme o sofá. Cuanto más dura la base, más uniforme se reparte la presión.
Camiseta fina
Si empiezas, una camiseta de algodón suaviza el primer contacto. Sin ropa la sensación es más intensa.
Diez minutos
Túmbate despacio, apoyando primero la zona lumbar. Sube a quince y a veinte cuando te resulte cómodo.
Respira largo
Inspira contando cuatro, espira contando seis. Es lo que acelera el cambio del primer minuto.
Cinco zonas, una sola pieza.

Espalda completa
Tumbado, veinte minutos

Cuello y cervicales
Con la almohada bajo la nuca

Zona lumbar

Hombros y trapecio

Planta del pie
Cuatro materiales. Nada más.
Es un objeto para el salón, no un aparato. Sin cables, sin baterías y sin nada que dependa de una app.
Algodón de tacto seco sobre el núcleo de espuma. Lavado a mano.
230 discos de polipropileno blanco, 27 puntas redondeadas cada uno, fijados sin adhesivo.
Espuma de alta densidad. Reparte el peso sin hundirse con el uso.
Con cierre. La estera se enrolla dentro y cabe en una mochila.
Lo que nos preguntáis antes de comprar.
El primer minuto pica bastante, y es normal. No es dolor agudo: es la sensación de miles de puntos repartiendo tu peso. Con una camiseta fina se suaviza mucho, y a partir del segundo o tercer minuto la sensación cambia a calor. Si en algún momento resulta desagradable de verdad, levántate: no hay que aguantar nada.
Empieza con diez minutos y sube poco a poco hasta veinte. Más de treinta no aporta gran cosa. Lo que marca la diferencia no es la sesión larga, es hacerlo la mayoría de los días: la constancia rinde mucho más que la intensidad.
Sí, y de hecho es lo recomendable al empezar. Una camiseta fina de algodón reduce la intensidad sin anular el efecto. A medida que te acostumbras, la mayoría acaba usándola directamente sobre la piel.
Espalda completa y zona lumbar tumbado, cuello con la almohada bajo la nuca, gemelos apoyando las piernas, y planta del pie de pie encima. También se puede enrollar y colocar bajo las cervicales. Evita la cara, el abdomen si estás embarazada y cualquier zona con la piel dañada.
A mano, con agua tibia y jabón neutro: no va a lavadora ni a secadora. Los discos se limpian con un paño húmedo. Déjala secar al aire, nunca sobre un radiador.
La estera es un producto de relajación y masaje, no un dispositivo médico ni un tratamiento. Si estás embarazada, tomas anticoagulantes, tienes problemas de circulación, la piel sensible o dañada, o llevas un marcapasos u otro implante, consúltalo con tu médico antes de usarla. Tampoco es para menores sin supervisión.
Si pides hoy, llega entre el 4 y el 15 de noviembre. Preparamos cada pedido bajo demanda y sale directamente de nuestro almacén asociado, lo que nos permite mantener el precio donde está. Recibirás el número de seguimiento en cuanto salga. Si prefieres tenerlo antes, escríbenos y te avisamos de la próxima remesa con envío nacional.
Tienes 30 días naturales desde que la recibes para desistir de la compra, sin tener que dar explicaciones. Escríbenos dentro de ese plazo y te indicamos cómo devolverla; una vez la recibimos de vuelta, te reembolsamos el importe íntegro del pedido.
Sí. Los primeros días huele a plástico nuevo, como cualquier estera de acupresión recién sacada de su bolsa. Déjala extendida y aireada un día y desaparece.

Regálale al cuerpo veinte minutos de pausa.
Una pieza, sin cables ni suscripciones, que estará ahí el día que la necesites.